Atrapats entre els llençols del llit, t'observo somrient i amb els ulls mig oberts, per por de tancar-los i que no hi siguis, per por de que això no sigui real.
dimecres, 17 d’abril del 2013
dilluns, 15 d’abril del 2013
Al compás
Te
mueves a ritmo de la música.
Y
gritas.
te
beso en la comisura de los labios.
Intentas
encontrar de manera desesperada,
con
los ojos cerrados,
y con
los hoyuelos dibujados ya en tu rostro,
la
entonación perfecta.
Sonríes
cuando te equivocas.
Y,
llena de felicidad,
intentas
convencerme para que baile a tu lado.
Me
envuelves el cuello con los brazos
mientras
entrelazas tus finas, suaves y delicadas manos en mi cabello.
Y yo
escondo mi cara entre tu cuello,
y
sonrío al respirar tu perfume.
Te voy
dando besos mientras sigues bailando,
pausadamente,
intentando
hacer que encuentre el ritmo. Tu ritmo.
Ya los
dos con armonía,
bailando
al compás,
Tú me
agarras más fuertemente y nos besamos.
Tú
sonríes, te derrites.
Desabrochándonos
los botones de nuestras camisetas.
Tirándonos
al suelo como dos adolescentes.
dilluns, 8 d’abril del 2013
Molt
Sí. Ja t'ho he dit.
I ara què em queda?
Què he guanyat amb això?
Molt.
I tu m'has mirat, i has rigut.
Un somriure fugaç, com els que a mi m'agraden.
I les arrugues als llavis. Als teus llavis.
I els ulls migs tancats, que també riuen.
I els els dits entrellaçats,
com a mi m'agrada.
Sí, ja t'ho he dit!
dimecres, 20 de març del 2013
Mil ideas en la cabeza
-
Me encuentro delante de la hoja en blanco y se me van las ideas. Tengo mil y
una cosas que contar, más de un millón de historias pensadas y tiempo de sobra.
Pero cuando me pongo a ello, cuando me decido plasmarlo, todo se esfuma. Se va.
Y ya no sé nada.
-
Lo mejor es que te vayas. Tú vives siempre en una zona, en un mismo ambiente,
rodeada siempre de la misma gente, del mismo aire, de la misma lluvia y del
mismo humo gris de la ciudad. Vete. Viaja.
-
Tengo 19 años. Con 19 años no me puedo ir muy lejos…
- ¡Por
eso mismo, hija mía! ¿Con estos años y escribir lo que escribes? Ojalá en mi
juventud hubiese escrito como tú. Yo no hacía más que salir a jugar al fútbol,
sacar malas notas y estar enfadado con algunas chicas, casi todas, que me daban
calabazas. Si crees que aún no puedes ir
muy lejos, te pido que, al menos, cambies de barrio. Camina horas y horas,
empápate de lo que dice la gente, observa cómo son, cómo se mueven y caminan,
cómo se divierten. Observa, hija, que es la única cosa que un escritor sabe hacer
bien.
Así
que esto es lo que hice. Salí de mi casa y empecé a caminar. Caminé horas, como
me había dicho, e intenté impregnarme de cada una de las esencias nuevas que
encontraba a mi paso.
Objetos
desconocidos, olores por descubrir, gente imaginada, vidas desconocidas,
suspiros que nunca había oído, y ruidos interesantes. Sí, interesantes.
Vi
a chicos, a chicos muy guapos, a chicas, a señoras mayores yendo a buscar a sus
nietos al colegio, a señores con corbata y con una carpeta negra en la mano que
salían de trabajar. Me fijé en los grupos de amigos. En los grupos de gente
mayor. En los grupos de niños que jugaban al parque.
Caminé
durante horas. Me fijé en un niño pequeño que iba con su abuela. Me pregunté
qué sería de él dentro de unos veinte años. ¿Será guapo? ¿No lo será?
¿Trabajará? ¿De qué? ¿Será un economista? ¿Un gran empresario? ¿Tendrá una
novia guapa? ¿O quizás un novio? ¿O ambas cosas? ¿O ninguna de las dos? ¿Lo
volveré a ver?
Regresé
a casa. Cerré la puerta y meneé la cabeza, sonriendo de oreja a oreja.
No
debo ser una buena escritora, porque he visto mucho, me he impregnado de mil y
una cosas nuevas, he visto cosas que nunca pensaba que existirían, pero sigo
delante de la hoja en blanco. Con mil ideas en la cabeza. Sí, en la cabeza.
Pero no en el papel.
A Agustín,
gracias.
A Agustín,
gracias.
dissabte, 9 de març del 2013
Libres, felices, jóvenes
En sus rostros
no se dibuja más que la diversión y la euforia mientras intentan correr hacia
el coche, sin parar de reír, y dejando atrás aquél tipo de espalda ancha y de
tez ruda que les persigue.
Suben los cinco
dando grandes portazos y, entre gritos de victoria y más carcajadas, se alejan,
pisando a fondo el acelerador, de todos aquellos ojos curiosos y ajenos a la
situación.
Uno de los cinco
abre la ventana y se asoma, gritando y mirando hacia atrás, dejando que el
fresco aire le revuelva y despeine su pelo cobrizo.
La chica de
delante sube el volumen de la música y, ya todos en su sitio, empiezan a cantar
con las manos bien arriba, algunas entrelazadas entre las otras, sin querer
soltarse.
La excitación del primer momento va menguando mientras pasan los minutos de vuelta a casa. Las dos chicas y el chico que se sientan en la parte trasera del coche largo, viejo y azul, se bajan. El coche vuelve a acelerar y los tres corren detrás de los otros dos, dando grandes zancadas, despidiéndose con las manos en el aire y riendo. Sintiéndose libres, felices, jóvenes.
La excitación del primer momento va menguando mientras pasan los minutos de vuelta a casa. Las dos chicas y el chico que se sientan en la parte trasera del coche largo, viejo y azul, se bajan. El coche vuelve a acelerar y los tres corren detrás de los otros dos, dando grandes zancadas, despidiéndose con las manos en el aire y riendo. Sintiéndose libres, felices, jóvenes.
Marcos y Ana se miran, conduciendo a través de la clara noche, y se sonríen ampliamente.
De repente, y
dejando atrás a sus tres mejores amigos y a la gran ciudad, el coche se adentra
por un camino amplio, levantando una leve cortina de polvo blanco por el
resplandor de la media luna. Paran en frente del río.
Apaga el motor
ruidoso del viejo coche, pero deja puesta la música, que susurra lentas letras,
y las luces encendidas.
Sus risas disminuyen
y sus respiraciones se intentan acompasar, calmándose y soltando largos
suspiros de satisfacción.
Un brillo en los
ojos. Una mirada más oscura. Y una sonrisa rebelde.
Sus bocas se juntan y se mueven al unísono. Las manos entrelazadas en ambos cabellos.
Ya en la parte trasera del coche, subiendo el vestido de color rojo, desabrochando la blanca camisa y quitándose la ropa desesperadamente, se dejan querer.
Sus bocas se juntan y se mueven al unísono. Las manos entrelazadas en ambos cabellos.
Ya en la parte trasera del coche, subiendo el vestido de color rojo, desabrochando la blanca camisa y quitándose la ropa desesperadamente, se dejan querer.
Falling in love
-Jade?
-Alexander?
-Do you remember that day you fell out of my window?
-I sure do, you came jumping out after me.
-Well, you fell on the concrete and nearly broke your ass and you were bleeding all over the place and I rushed you off to the hospital. Do you remember that?
-Yes, I do.
-Well, there’s something I never told you about that night.
-What didn’t you tell me?
-While you were sitting in the backseat smoking a cigarette you thought was going to be your last, I was falling deep, deeply in love with you and I never told you ‘til just now.
-Alexander?
-Do you remember that day you fell out of my window?
-I sure do, you came jumping out after me.
-Well, you fell on the concrete and nearly broke your ass and you were bleeding all over the place and I rushed you off to the hospital. Do you remember that?
-Yes, I do.
-Well, there’s something I never told you about that night.
-What didn’t you tell me?
divendres, 8 de març del 2013
Digues que m'estimes
Les llàgrimes no feien res més que lliscar cara avall, amb pressa, com aquell qui vol arribar d’una vegada al seu destí, a la seva meta. Els ulls envidrats no em deixaven veure res, cap fotografia, cap record que em permetés viatjar enrere, que em permetés girar les agulles del rellotge per fer que el temps retrocedís.
Però de
què serviria? Estava quieta. El temps s’havia aturat. Les llàgrimes no paraven
de córrer i el meu pit pujava i baixava contínuament, sense parar.
Al meu
costat, la meva germana, que m’agafava i m’abraçava amb molta força, cridava el
nom dels pares sense parar. Tenia molta por i jo no sabia què fer per a
calmar-la.
No és
fins quan et passa una cosa així, que et dónes compte del molt que els
estimaves. De les mil vegades que volies però, per vergonya, mai deies res.
Dels mil cops que t’hagués agradat dir “t’estimo” i no ho vas fer. Dels mil
petons que es van quedar a la punta dels llavis. De tot el que haguessis pogut
fer i que no vas fer.
El
temps passa lent, cada segon és un infern perquè, ara més que mai, em sento
sola. Molt sola. Sense que ningú em pugui ajudar. Les persones que passegen
preocupades per l’hospital no em fan cas i ni tan sols es dignen a preguntar
què ens passa. Els metges ens han abandonat i no tenim a ningú.
Els avis.
Els avis no tardaran en arribar. I també ploraran i cridaran els seus noms.
Però ens abraçaran i cuidaran de nosaltres, es faran els forts i tiraran
endavant per a que no ens passi res. Per a que tot torni a la normalitat
l’abans possible. Però qui torna a la normalitat després d’això? Algú ho
aconsegueix?
Els
seus braços em van transmetre amor. Tot l’amor del món que m’escalfava i em
feia sentir una mica més segura. Però la meva germana encara cridava i els meus
ulls ja estaven vermells. I les llàgrimes ara lliscaven també pels rostres dels
meus avis i anaven a parar al final de la seva cara, on des d’allí es
precipitaven cap a terra, caient com petites gotes d’aigua.
La casa
era buida. Sense res. Tan sols fotografies que encara no es podien veure clares,
fotografies amb rostres somrients dibuixats. Tot era tal i com ho havien
deixat. La tassa del cafè encara damunt de la taula, i el plat de la torrada
amb melmelada encara era allí, brut. El tros de paper que havien fet servir per
avisar que farien una mica tard es trobava al seu lloc, amb el bolígraf a la
vora. La partitura era a sobre del piano, tal com jo l’havia deixada la nit
anterior abans d’anar a dormir. I, a l’aire, hi flotaven somriures, somriures
alegres, somriures que ara ja no tornaríem a sentir.
Roba
damunt de la cadira, sabates desendreçades i els llits per fer.
La meva
germana s’havia quedat dormida al cotxe, així que vaig procurar no fer molt de
soroll a l’hora de portar-la a l’habitació. La vaig gitar al llit i la vaig
tapar amb molt de compte de no despertar-la. Ara em tocava a mi fer de mare.
Vaig
sortir de la seva habitació i em vaig dirigir a la cuina. Mentre s’escalfava
l’aigua vaig mirar aquella tassa buida. Les llàgrimes tornaren i les cames em
van fallar. Vaig assentar-me a terra, cansada. El dia havia estat molt dur.
Però jo no em podia deixar vèncer, havia de continuar tenint força per a
donar-li tot l’amor possible a la petita de la casa, per ajudar-la a seguir
endavant. Intentar que el que jo sentia per dintre no es notés per fora.
L’aigua
ja estava al punt, així que em vaig aixecar amb poques ganes i vaig agafar un
sobre de té per posar-lo al got. La infusió em va servir per a
tranquil·litzar-me una mica i per pensar amb altres coses. Però l’intent va ser
fallit. Al meu cap no hi havia res més que records, records que no volia
oblidar mai. Imatges que sempre volia tenir presents. Fotografies que ara es
veien clares i que mai canviarien. I a la meva ment hi havia riures, baralles,
sons, veus i paraules que sabia perfectament que, ara no però, més endavant,
m’ajudarien a ser més forta i a enfrontar-me amb el que fes falta.
Una
mica d’aigua amb una pastilla em va servir per fer-me adormir. El coixí, banyat
per llàgrimes inacabables, feia olor a la colònia que ells, els meus pares, em van
regalar pel meu aniversari. La colònia que em van regalar ahir. No vaig somiar,
o potser sí, però no recordo res. Res. Això és el que em queda. Ara restava el
dia de l’enterrament. Tots els familiars i tots els amics i coneguts vindrien a
donar-me el que fes falta i a dir-me que estarien sempre al meu costat. Però jo
estava sola.
Se'm va posar la pell de gallina. Tal i com passa quan tens un malson que no et deixa dormir tranquil. Vaig obrir els ulls desesperadament i, amb els dits tremolant, vaig obrir la petita llum de la calaixera.
Subscriure's a:
Missatges (Atom)


